los pensamientos deformados
ahora convertidos en filos
y las palabras
que una vez fueron palabras
derruidas de sí mismas
Un poco de centro
suficiente para desbordar la inocencia
Nada escapa
a la insensatez de los vértigos
aquellos ingrávidos suspensos
donde asumíamos
la longitud de las cosas
tan ajadas
que nos parecían nuevas
Tantos episodios
de estrellas conocidas
(allí Sirio
allá Celeno
tal vez Polaris)
que la espiral nos acercaba
al ojo inamovible de la noche
Aún se derrama
el olor de la melancolía
izada en episodios
donde se conjuga
la palabra viento
En la punta de los giros
colgados en un cosmos
rebanado en láminas de firmamento
en lajas de repeticiones
similares a espejos que dialogan
Nada escapa
a la insensatez de los vértigos
tan sublimes
tan leves
que aún no se escapan de nosotros
©José Enrique Delmonte

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