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viernes, 1 de agosto de 2025

El arca: poesía dominicana del siglo XXI', publicado por la editorial mexicana Elefanta

 El libro está disponible en la plataforma digital de Elefanta Editorial y en las principales librerías de México.



La editorial mexicana Elefanta anuncia la publicación de la antología El arca: poesía dominicana del siglo XXI, que reúne la obra del nuevo milenio de treinta poetas. Compilado por Néstor E. Rodríguez, el volumen responde a la necesidad de hacer visible una tradición que hasta época reciente permaneció relativamente desatendida en los espacios académicos y el circuito del libro en español.

La poesía dominicana de hoy disfruta de una resonancia internacional incuestionable. Su vitalidad se refleja en la publicación de poetas dominicanos en editoriales de proyección global, la obtención de premios internacionales de gran prestigio y la creciente atención de la crítica especializada.

El arca traza un panorama amplio que parte de la obra de autores consolidados hasta voces emergentes del siglo XXI. En ese sentido, la selección presenta un mosaico de propuestas y acentos para configurar el “arca” que recoge las coordenadas de la poesía dominicana actual, imaginada desde Santo Domingo, Ciudad de México, Madrid y los Estados Unidos.

Los poetas incluidos en la antología son: Norberto James Rawlings, Soledad Álvarez, Alexis Gómez Rosa, José Mármol, Martha Rivera Garrido, León Félix Batista, Marianela Medrano, José Enrique Delmonte, Marcos A. Blonda, Homero Pumarol, Ángela Suazo, Rey Andújar, Ariadna Vásquez Germán, Francis Mateo, Frank Báez, Rosa Silverio, Rossalina Benjamín, Luis Reynaldo Pérez, Frank García, Alejandro González Luna, Lery Laura Piña, Natacha Batlle, Isis Aquino, Yaissa Jiménez, José Ángel M. Bratini, Neronessa, Leonardo Reyes Jiménez, Junior Jiménez, Saray Figuereo Roa y Christian Encarnación.♥

El libro está disponible en la plataforma digital de Elefanta Editorial y en las principales librerías de México. La presentación en República Dominicana tendrá lugar en el marco de la Feria Internacional del Libro de Santo Domingo. También se anticipan presentaciones y encuentros en Ciudad de México y Madrid.


lunes, 13 de marzo de 2023

Una página a la vez con José Enrique Delmonte

Toda expresión artística pura

nos conduce al mismo lugar, el alma del creador



Por ANGELA SUAZO 13-03-2023 00:04

José Enrique Delmonte no necesita presentación, pero el rigor me obliga. Él, es arquitecto, ensayista y poeta. Dominicano. Como poeta, su voz, es irrepetible, y es parte del camino obligatorio para quienes se acercan a estos afanes.

Es un autor premiado local e internacionalmente, entre ellos el Premio Iberoamericano de Poesía en la Feria del Libro Madrid 2014 y el Premio Internacional de Poesía León Felipe 2016, Zamora, España.

Ha publicado Alquimias de la ciudad perdida, La redondez de lo posible, y Once palabras que mueven tu mundo.

En la sinopsis de su libro Once palabras que mueven tu mundo, nos anuncia lo que sin duda encontraremos en él, poesía amorosa, expresión del amor cotidiano o pasional, pasado o presente, reciente o maduro, la experiencia del sentimiento que nos atrapa y seduce por igual a enamorados y lectores. No se queda corta la promesa.

He leído con igual pasión tanto su poesía como las respuestas que me regaló para esta entrevista y sé que ustedes harán lo mismo. Me descubrí compartiendo con él referentes y pensadores; y aplaudiendo su verdad.


Su obra me lleva a pensar que toda expresión artística pura nos conduce al mismo lugar, el alma del creador.  José Enrique conjuga dos expresiones que me atrevo a pensar tocan la misma fibra. Poesía y arquitectura. Un poema, una obra arquitectónica, un espacio donde no sobra nada. Cada elemento puesto al servicio de la obra, calculado. La luz y la sombra, las mismas que cuentan la melancolía y la vida; se levantan y crean espacios que acogen y protegen.

Los dejo con una invitación a descubrir, el lugar donde dialogan el espacio y la palabra, desde donde nace su poesía, y su arte.

PREGUNTAS:

Ángela Suazo: José Enrique ¿Dónde nace la poesía?

José Enrique: En el instante en que sabemos y no somos capaces de explicarlo. Hay universos que tienen su propio lenguaje, barreras que se forman en la incertidumbre.

AS: ¿La poesía debe ser siempre disruptiva, implacable? ¿Generosa?

JE: La poesía debe ser. Ella es libre y arbitraria, verdad aunque juegue a falsa. Hay poesía en diferentes registros, pero sobre todas las cosas es un acto de quiebre porque contiene un antes y un después.

AS: ¿Por qué escribe José Enrique?

JE: Por la falta de respuestas en mi diálogo con la realidad

AS: Tu universo literario, ¿De dónde se alimenta?

JE: De las posibilidades de crear otras capas en las que me asuma libre.

AS: ¿Te lees a ti mismo?

JE: Me leo para reconocer momentos específicos en los cuales surgieron los poemas. También para identificar en qué momento me encuentro en mi proceso creativo. Sin embargo, no me gusta escucharme en grabaciones.

AS:¿Qué poetas han sido refugio para ti?

JE: ¡Son tantos! Uno no llega a cerrar la caja donde creemos que ya estamos llenos de tanta buena poesía escrita por otros. Por supuesto, hay los preferidos que, en ocasiones uno cree que ya no deberían estar en la caja y se quedan, se quedan y se quedan porque se hacen imprescindibles. Como requieres nombres, puedo señalarte a algunos sin ser limitativo: Wallace Stevens, Franklin Mieses Burgos, Jaime Sabines, Wisława Szymborska, Miguel Hernández, T. S. Eliot, Lezama Lima, Gil de Biedma, Hilde Domin, Joan Margarit, en fin, larga la lista.

AS:¿Cuáles fueron los modelos de poetas que te dieron ganas de escribir poesía?

JE: Confieso que J. L. Borges fue mi primera incertidumbre, justo cuando me acerqué a la poesía, en la adolescencia. Rainer Maria Rilke, Pedro Salinas y luego la Generación del 27, la Generación Beat y los maestros de la Poesía Sorprendida.

AS:¿Entiendes la poesía como una biografía?

JE: No, la poesía no actúa en mí como una autobiografía porque la confinaría a los límites de lo que conozco. Prefiero andar detrás de lo otro y hacerlo mío. Sin embargo, puedo entenderla como un solo poema que se escribe en el tiempo, en partes individuales que pueden ser libros. Al final de todo, se trata de “la obra” de un autor. Yo trato de colocarme en un punto para generar trabajos que forman un cuerpo dentro de mi producción. Me interesan temas que se convierten en libros. De ahí que trabajo en su selección para conformar un libro, con paciencia, sin ansiedad para publicarlos. Se publican cuanto todo se aglomera para entregarlos como libros.

AS: El arquitecto, diseña, visualiza y caza en ángulos una propuesta distinta, no se ve tan distinta a lo que hace el poeta con las palabras. ¿El yo poético y el yo arquitecto, son la misma persona, o solo habitan en ti?

JE: La arquitectura es un lenguaje, como la poesía. En ambos casos hay un uso del lenguaje que no es poesía y que tampoco trata de serlo. Esto confunde al lector, al que no le queda claro cuándo se está frente a un trabajo poético y cuándo no. La poesía en la arquitectura se produce a través de la materia y en la literatura en la palabra. En ambos casos, lo importante no es el fin en sí mismo sino en la capacidad para abrir dimensiones creativas, para provocar imágenes y caminos a otras realidades. Cuando eso sucede, hay poesía en la arquitectura y en el poema. Una cosa es el autor y otra el yo poético, por supuesto. En la arquitectura, a diferencia del poema, hay un yo poético que está identificado con el usuario, con la función. El poema es ajeno a esta precondición y por eso tiene mayores libertades.

AS: Leí que “Todo gran arquitecto es un gran poeta” ¿Eres un arquitecto que escribe poesía, o un poeta que es arquitecto?

JE: Es que una cosa es diseñar un edificio como un requerimiento inmobiliario o como un producto del mercado y otra es hacer arquitectura. En esto último, hay una autoría que incorpora un gesto o una intención para usar a la arquitectura como un medio para expresar múltiples vocabularios. Una buena obra de arquitectura provoca tantos efectos subliminales que se adentra en el imaginario de sus usuarios. No es un acto de impresión o de novedad, es algo que forma parte de la narrativa arquitectónica de una manera tan sólida, que permanece en el tiempo. Yo creo en el acto poético y, en ese sentido, en mi trabajo intento asumirlo, tanto en las oportunidades de mi profesión de arquitecto como en mi oficio de poeta.

AS: ¿Tu poesía está presente en tu obra arquitectónica?

JE: La poesía sí, mi poesía no necesariamente.

AS: ¿Lo filosofía forma parte de tu obra?

JE: En uno de mis libros, La redondez de lo posible, aparece de forma más evidente, aunque debe estar ahí porque camino en un horizonte de eventos que me produce inquietudes. Sin embargo, la poesía es una cosa y la filosofía otra. Me gusta leer poesía que no necesariamente siga una lógica filosófica sino que construya otras dimensiones. Me gusta la poesía que me rete en su misterio.

AS: ¿Qué libro filosófico te ha marcado y por qué?

JE: Me impactó mucho Escritura y diferencia, de Jacques Derrida, por su influencia en el lenguaje de la arquitectura. Pero, por supuesto, Crítica de la razón pura, de Immanuel Kant. Kant. De Kant me causó muchas inquietudes aquel concepto de “la cosa en sí, la cosa en mí”, por ejemplo.

AS: ¿Qué pensador actual le interesa particularmente y por qué?

JE: Últimamente me gustó mucho La sociedad de la transparencia, de Byung-Chul Han. También Bauman con su Modernidad líquida. Pero hay otros autores importantes debido a que la filosofía es una búsqueda, no una respuesta final.

AS: ¿Renunciarías?—¿Entiende la vida sin la literatura?

JE: No renuncio, soy persistente. La vida puede prescindir de literatura como resultado del conocimiento, la experiencia, la creatividad y la prospectiva y aferrarse a la información como suplidor de resúmenes de conocimiento. No sé si la humanidad dejará estas cosas a la inteligencia artificial, dejar de producir preguntas y respuestas y confiar en un artefacto tecnológico que puede dárnoslas resumidas y en segundos. Pero en mi vida, la que construyo día a día, apuesto por la libertad

Fuente: https://acento.com.do/cultura/una-pagina-a-la-vez-con-jose-enrique-delmonte-9174341.html

martes, 21 de junio de 2022

Participación del Arquitecto y escritor José Enrique Delmonte en Retajila Fundación


 

Ciudad creativa, paradigmas de planificación, territorio, urbanismo, desarrollo, diseño y arquitecturas. Hábitat,  formas de habitar. Efecto de Mundo y configuración identitaria. Lo local, lo global, la circulación, segmentación y la convivencia.


Patrimonio, memoria, conservar y transformar. 


Vivir en un ambiente creativo. 


Feat: Alex Martínez Suárez; José Enrique Delmonte; Mario Dávalos; Jordi Masalles. 


Host: Ceci Moltoni 


El Podcast de Retajila en Spotify: https://open.spotify.com/episode/1s5c...

Apple Podcast: https://podcasts.apple.com/do/podcast...

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Una producción de Retajila

Moderación, producción de contenidos: Ceci Moltoni – Caribe Alternativo

Realización: Ceci Moltoni, Mariu Vargas, Rosalía Ramíerz, Nono Rodríguez


Operación Técnica: Joaquín Sánchez

Edición, creación de contenidos: Chng Advertising

Grabado en Guerra Films TV


sábado, 5 de octubre de 2019

Dentro de LA REDONDEZ DE LO POSIBLE de José Enrique Delmonte

Escritor Fernando Cabrera

Estimado lector: Hay registrada en esta obra, cual en una bitácora, los altibajos de una cotidianidad estéril, también los recelos y remordimientos alimentados por las trampas sociales que frecuentemente le han hecho perder al poeta el sentido de lo importante, justo y verdadero. Estos son versos, cuando no de memoria, de vértigo y agonía: latidos sofocados de una conciencia que persiste en el absurdo. La poesía, o mejor, la escritura, devienen para Delmonte en exorcismo y catarsis, en la única forma posible de trascender lo frágil, lo leve de la condición humana.


Fernando Cabrera

Autor José Enrique Delmonte


viernes, 4 de octubre de 2019

INMINENCIAS


A Emilio Brea, a propósito

La inminencia de las cosas
toca y disloca la ficción
una hora transparente de dos caras
un silencio rebanado por la luz

La inminencia en el verbo
donde calas esas impávidas versiones
de breves apegos tiernos
de incesantes convergencias

La inminencia en el caos
la certeza en las visiones del allende
o en los quiebres del después
o en los trazos de distancias aun cercanas

La inminencia del asombro
en esos rizos que se antojan eternos
galopantes en descenso
hacia ese punto donde
se desnuda la inocencia

La inminencia en las cosas
—en sí mismo—
y al menos en la palabra
para parecer perpetuos.

©José Enrique Delmonte

APERTURAS INFINITAS


La casa huele a vestigios de gardenias
voluntades permanentes se aglomeran
un pequeño talismán de aperturas infinitas
traicionan la rigidez de sí mismo
ofrece palabras ya perdidas

En cada encuentro la casa envejece
algunos motivos la delatan:
el sofá vacío
el armario en la sombra
un mantel desmenuzado
que ya nadie admira
de las parece brotan ruidos
colores confundidos
sellan testimonios
o conquistas

La casa señala
el centro donde el antes volvía
al revés en las tardes
repetido en aromas
la piel ahora se cubre de albergue

Un caracol en la mano
donde comprendíamos el mundo
tantos rincones de batallas y furias
aposentada placidez en el pasado
la juventud en un instante vuelve

La casa huele a pasillos somnolientos
suena a huella de sonrisas
aun el sol la transparente
en componendas de misterios
o de algarabías

Un pozuelo te sorprende
y caminas detrás de las gardenias…

©José Enrique DelMonte

HABITANTES DEL TEDIO


Si cruzáramos la línea
nos crecería la barba antes de tiempo
y quedaría atrás el mito
de volar sin tener alas
o el sobremito de parecerse al trueno
ya no será nuestra
la magnitud del tiempo
que derrochábamos apegados al fervor

Era el momento de la angustia
un paso nos borraría
como espuma en una brasa
otro nos haría grises
y nos mostraría el cosmos
de una manera confusa
era justa la amplitud
de esa ansia colectiva
que nos llenaba de peso
que nos cargaba de dudas
que nos agigantaba la pena
que nos prohibía lo absurdo

Si cruzáramos la línea
—no lo hagas—
ya no sería posible
reencontrarnos leves
seríamos barbudos siempre
e invisibles después
trasnochados y gruesos
habitantes del tedio

Tan solo una línea
y nosotros en medio…

©José Enrique Delmonte

NARANJAS TRANSPARENTES

Ahora el aire cuelga
de naranjas transparentes
te completas en la efervescencia
de sus trazos

Si partes la naranja
tu materia tu rudeza se adelgazan
entonces flotas y flotas
sobre la alfombra de tu olfato

Suceden tantas cosas invisibles
cuando alguien te permite dividirla
a un lado tan igual
a un lado tan distinto
hay caminos que estimulan
la lucidez de tus gozos

La naranja es una algarabía
de suspenso
honda… una… nueva… sola
en tus manos
asentada en tus sentidos
una naranja tiñe ahora
de utopía tu sangre

©José Enrique Delmonte

EN EL BORDE


La ventaja del mundo plano
es alcanzar por fin el horizonte

Tan simple el horizonte…

Apenas una lejanía inconsistente
cargada de graffitis con el nombre
de los sonámbulos que
no retornaron nunca

La ventaja del horizonte —ahora breve—
es la prohibición del eco
por la saturación de los adioses
la delgadez de la sombra
aleja la cordura de los nuevos
habitantes secundarios

La ventaja de los sonámbulos
es que lucen despiertos para esconderse
de los sueños agobiantes
parecen pompas de jabón sagradas
suspendidas sobre su propio rito

Tan breve el horizonte…

Hay silencio en este borde
donde a veces la campana rompe
la repetición del vacío

Entonces miro atrás
y apenas veo la delgadez del retorno

Tan simple el retorno…

©José Enrique Delmonte

A VECES EL MIEDO


A veces el miedo
mece las brasas del alfa impenitente
que conduce a la nada
vuelva la paz hacia simientes
de rugosos filamentos
se alza con las arras
de estivales desenlaces
y vuelve a dormitar
entre los vaivenes de la inercia

A veces cumbre
de espera inalcanzable
pasajero que se asoma
con versátiles mentiras
inocente instigador de retrocesos
compañero de desgarros
muchedumbre de caminos invisibles

Olor de cosas añejadas
que revela la pequeñez de la voz
borde de caídas suspendidas
en sí mismas
se asemeja al vacío
de las horas perdidas
luminaria que señala
la gravedad de las sombras

Detiene la multiplicidad
de lo posible
arranca desvanece
el dominio del yo
destruye ondulaciones
en los puntos cardinales
en que una vez el hombre
fue uncido tantas veces
ahora mutante
de lo ínfimo de lo incapaz de lo continuo
Suma de palabras parecidas a un arma
tanta soledad
tanta incertidumbre
tanta ambivalencia
en vuelo rasante sobre la espiga
donde descansa la firmeza
que se esfuma

A veces el miedo
es el hombre debajo del hombre
opresor de aspiraciones posibles
marcapasos en pausa
un hielo efervescente
que humedece la venganza
hasta destruir la tierra
donde cuelga nuestra voz

©José Enrique Delmonte

LAS ABEJAS ZURDAS CAMINAN CON DOS PATAS


Las abejas zurdas sueñan futuros en diestra
y huyen de la pesadez en las cosas inertes
duele el aguijón que traspasa mi nombre

Las abejas zurdas caminan con dos patas
cabalgan desnuda en el barro profundo
nadadoras en saliva de marsopas
rumian pasadizos de troncos
impares de mañanas tibias

Las abejas cargan la consistencia en sus alas
—diminutas alas que resaltan opacas—
las veo buscando el rojo o el ocre
en la transparencia del verde
¿ávidas de sangre?
¿rojas de melancolía?
no hay más  tristeza
que la necesidad de los ausente

Hay abejas surdas
que derraman palabras al estambre
aquietadas en luz
celebran en silencio
cuando se abre la dimensión
de lo intemporal

©José Enrique Delmonte

AL OTRO LADO


Al otro lado
tan distinta la piel que se repite
no lo sé
doce campanadas pueden sonar iguales
cuando se espera nada nuevo
pero es tan distinto el rompeolas
las sendas de futuros imperfectos
los ruidos que engrandecen los aromas

Tal como me contaron
aquí la tarde se detiene
para posponer la noche
gladiolos que se abren
con una sola gota
la tierra se mueve
como si navegara lejos
lejos, lejos
un rumor de placidez atrasa relojes
se entorpecen las gaviotas en sus giros
un puñado de arcilla sirve
para afincar memoria

Este es el otro lado
tan cotidiano que acaricia las horas
un azul inmenso
un verde avasallante
intensas olas
que agrandan la esperanza
he visto a las hormigas acercarse a la orilla
solo para conocer el riesgo
retornan risueñas
y se confunden entre ellas
como si fueran otras
es tan vasto este contorno
para suponernos tiernos
o tal vez  concedernos infinito

En este lado
las cosas se asemejan al eco
retornan en voces
o descansan en las manos
se convierten en sirenas
o cabalgan sobre la espalda
de las hojas
basta mirar el horizonte
para saberte de este lado
no es suficiente la nostalgia
para tantas repeticiones del asombro

©José Enrique Delmonte

CUANDO EL FRÍO SE DESVANECE



Al poeta Mariano Lebrón Saviñón

Una grieta se ensancha
el frío se desvanece
la caravana de verbos
huyéndole a la mudez
y la tierra —confusa— aferrada a la dureza
del tiempo que la comprime
hasta volverla un pliego
hasta destruir las voces que
sujetan la redondez de
lo posible

©José Enrique Delmonte

ALGUIEN DIJO QUE SOMOS DISTINTOS

José Enrique Delmonte
La tierra se divide en tantas partes
como la suma de los poros
de la muchedumbre enardecida
pueda aspirar
una línea es eso
una marca que te coloca de un lado
o de otro
y te obliga a parecerte a los que quedaron
de tu lado

Hay universos que no se tocan
porque pueden convertirse en pasadizos
hacia un olvido rugoso
no sé
cuando me coloco en el borde
veo ambos lados iguales
alguien destruye la convicción que sumo
para decirme que los pendones
ondulan horizontales
que las orugas se encuentran
en la cima
y se retiran en fila hacia el pasto
donde murió la mariposa germinal

Si alguna vez dialogas en el hueco
escucharás las palabras más feroces
que aún no puedes descifrar
es la conversación entre anatemas
entre bruma de altivez
que simboliza la otredad

Incluso
hay colores que no son tuyos
que no te pertenecen
sombras que cobijan la siesta
de los que han ganado
las medallas del olvido
colores en versiones
de densidades muy profundas
que una vez flotaron a ambos lados

Hay inseguridad
cuando quieres afincar tus pasos
en la marca diluida de lo propio
se asemeja el agridulce
de las cosas intermitentes
donde pones la mirada o la lengua

Hay dolor que a veces no es el tuyo
pero los gritos de los otros te contagian
hasta prescindir de tus extremidades
te desprendes cuando sufres
te revuelcas cuando duele
te vacías cuando te llenas de tanto odio
de tantas posibilidades de infierno
sobre capas de lo que nos ha precedido

La tierra se humedece
cuando una sola gota
es capaz de aposentarse
en las grietas donde persiste la vida
a un lado florece al menos un jazmín
alimentado por las raíces
que soportan la otra parte
a un lado se humedecen las sendas
y se anegan de esperanza
a un lado
solo
la posibilidad de una mañana
o la certeza de que brotará la valentía
a un lado la soledad inmensa
donde nada es tan verdad
como la mano que prohíbe el descanso

Hay tantos universos que no se pueden tocar
porque mueren al instante
como muere el jazmín que se humedece…

©José Enrique Delmonte

AQUEL VECINDARIO



Perdonen si les digo unas locuras
en esta dulce tarde de febrero
y si se va mi corazón cantando
hacia Santo Domingo, compañeros.
Pablo Neruda
Versainograma a Santo Domingo

Las calles de piedra
las sombras crujientes
el bullicio la mugre
las ofertas el ruido
se rumian vapores
se afianzan quimeras
apuestan futuros
se gime se llora
en los días sin nombre
a mediados de abril
(como si abril fuera ahora
a mediados del año)

Las noches tan graves
con su brisa del norte
domadora de muros
con las luces (no sé)
como si fueran ostras
o puñados de niebla
como si marcharan dóciles
en la sien o en el lodo

Y los nuevos se agrupan
con sus caras de triunfo
anudados confusos aterrados
sobre andenes de sangre
de estiércol o de sal

(La calle que quiebra
las puertas abiertas
los patios que guarda
los silencios ajenos)

Tanta distancia absurda
tantas ausencias ahora
y la risa persiste
en superar aquel tiempo

©José Enrique Delmonte

EL CAMINO ANCHO


Ahora
el exilio descansa en el hielo
la muchedumbre del vacío
inunda el festival de la nada
la pluralidad del humo
la magia y sus versiones
ruedan en pareja leves
llueve doce veces y qué
las termitas se preservan
en rendijas de otoño
la nostalgia o la intermitencia
o la valentía de los que rumian
detrás del camino ancho

El camino ancho
tan ancho…
©José Enrique Delmonte

SOBRE EQUINOS DE MADERA


Lo importante de esos años
no fue la tarde que obligó
a retrasar la madurez
tampoco los sobresaltos
en medio del asombro
ni las continuas lecturas
de galaxias repetidas
no fue el destino escogido
imbuidos de escozor
ni la complejidad de lo simple
que moraba en el entorno
ni la certeza de esa voz
sometida a prueba

Lo importante no fue
la grandeza de los miedos
cuando nos sabíamos
vulnerables al tiempo
ni la secuela de conquistas
sobre equinos de madera
ni la ampliación de los afectos
asentados en lazos

Lo importante…
apenas lo que queda

©José Enrique Delmonte

PÁGINAS DOBLADAS


Si lo hubiéramos sabido
habríamos derruido el tiempo con las manos
sin remordimientos
apretujados los segundos
que deciden la validez de las cosas
las escarchas habrían quedado
dormidas en las páginas dobladas
como cicatriz de suspicacias
como fisura de longitudes poderosas

Es tan tenue la distancia ancha
de la boca que separa la gigantez de la esencia
que allí sobresale el miedo
o se percibe la mirada de los errantes conocidos
es tan roja la esfera del pecado
que nos asumimos ruido
nos convertimos en simiente
nos trasnochamos en la nada

Y aun en la duda
confundidos con la similitud de los días
en que la bruma atraviesa la sombra
o la sombra se asemeja al alba
debimos destruir el tiempo
—si lo hubiéramos sabido—
donde la nostalgia es un hilo
suficiente para eternizar simplezas
y guardar las páginas dobladas

©José Enrique Delmonte

EL UNIVERSO MUERE DOS VECES


A Robert Frost

La tierra en las alas de un mirlo
muere y muere el universo dos veces
las olas disminuidas en algas
huele agria
la mañana de este otoño

Dos mirlos
son la constelación posible
apretujados redondos
embardunados de silbidos
son capaces de sostener
la sombra del eclipse
que provocan

La tierra o el universo
tal vez océanos de rayos
en el límite de la agonía
donde rumian las medusas
la memoria de sus mirlos
en este otoño rojo del retorno

©José Enrique Delmonte