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| José Enrique Delmonte |
como la suma de los poros
de la muchedumbre enardecida
pueda aspirar
una línea es eso
una marca que te coloca de un lado
o de otro
y te obliga a parecerte a los que quedaron
de tu lado
Hay universos que no se tocan
porque pueden convertirse en pasadizos
hacia un olvido rugoso
no sé
cuando me coloco en el borde
veo ambos lados iguales
alguien destruye la convicción que sumo
para decirme que los pendones
ondulan horizontales
que las orugas se encuentran
en la cima
y se retiran en fila hacia el pasto
donde murió la mariposa germinal
Si alguna vez dialogas en el hueco
escucharás las palabras más feroces
que aún no puedes descifrar
es la conversación entre anatemas
entre bruma de altivez
que simboliza la otredad
Incluso
hay colores que no son tuyos
que no te pertenecen
sombras que cobijan la siesta
de los que han ganado
las medallas del olvido
colores en versiones
de densidades muy profundas
que una vez flotaron a ambos lados
Hay inseguridad
cuando quieres afincar tus pasos
en la marca diluida de lo propio
se asemeja el agridulce
de las cosas intermitentes
donde pones la mirada o la lengua
Hay dolor que a veces no es el tuyo
pero los gritos de los otros te contagian
hasta prescindir de tus extremidades
te desprendes cuando sufres
te revuelcas cuando duele
te vacías cuando te llenas de tanto odio
de tantas posibilidades de infierno
sobre capas de lo que nos ha precedido
La tierra se humedece
cuando una sola gota
es capaz de aposentarse
en las grietas donde persiste la vida
a un lado florece al menos un jazmín
alimentado por las raíces
que soportan la otra parte
a un lado se humedecen las sendas
y se anegan de esperanza
a un lado
solo
la posibilidad de una mañana
o la certeza de que brotará la valentía
a un lado la soledad inmensa
donde nada es tan verdad
como la mano que prohíbe el descanso
Hay tantos universos que no se pueden tocar
porque mueren al instante
como muere el jazmín que se humedece…
©José Enrique Delmonte

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