A Emilio Brea, a propósito
La inminencia de las cosas
toca y disloca la ficción
una hora transparente de dos caras
un silencio rebanado por la luz
La inminencia en el verbo
donde calas esas impávidas versiones
de breves apegos tiernos
de incesantes convergencias
La inminencia en el caos
la certeza en las visiones del allende
o en los quiebres del después
o en los trazos de distancias aun cercanas
La inminencia del asombro
en esos rizos que se antojan eternos
galopantes en descenso
hacia ese punto donde
se desnuda la inocencia
La inminencia en las cosas
—en sí mismo—
y al menos en la palabra
para parecer perpetuos.
©José Enrique Delmonte

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