Si lo hubiéramos sabido
habríamos derruido el tiempo con las manos
sin remordimientos
apretujados los segundos
que deciden la validez de las cosas
las escarchas habrían quedado
dormidas en las páginas dobladas
como cicatriz de suspicacias
como fisura de longitudes poderosas
Es tan tenue la distancia ancha
de la boca que separa la gigantez de la esencia
que allí sobresale el miedo
o se percibe la mirada de los errantes conocidos
es tan roja la esfera del pecado
que nos asumimos ruido
nos convertimos en simiente
nos trasnochamos en la nada
Y aun en la duda
confundidos con la similitud de los días
en que la bruma atraviesa la sombra
o la sombra se asemeja al alba
debimos destruir el tiempo
—si lo hubiéramos sabido—
donde la nostalgia es un hilo
suficiente para eternizar simplezas
y guardar las páginas dobladas
©José Enrique Delmonte
