martes, 22 de octubre de 2019

VIII Semana Internacional de la Poesía Santo Domingo 2019

Leyendo poesía en "La hora de la poesía", dentro de la VIII Semana Internacional de la Poesía, Santo Domingo 2019. Aquí, en la Universidad APEC, junto a los poetas Amado Lascar, Nan Chevalier, Claribel Díaz, Ramón Mesa, Carlos Joel Muñoz y Pedro Paulino.


La hora de la poesía, en la Universidad APEC. Maravillosa experiencia con estudiantes y docentes dentro de la VIII Semana Internacional de la Poesía, Santo Domingo, 2019. De izquierda a derecha Nan Chevalier, Amado J. Lascar, José Enrique Delmonte, Ramón Mesa, Carlos Joel Muñoz y Pedro Paulino. — con Nan Chevalier, Amado Lascar, Ramón Mesa, Carlos Joel Muñoz y Pedro Paulino.

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sábado, 5 de octubre de 2019

Dentro de LA REDONDEZ DE LO POSIBLE de José Enrique Delmonte

Escritor Fernando Cabrera

Estimado lector: Hay registrada en esta obra, cual en una bitácora, los altibajos de una cotidianidad estéril, también los recelos y remordimientos alimentados por las trampas sociales que frecuentemente le han hecho perder al poeta el sentido de lo importante, justo y verdadero. Estos son versos, cuando no de memoria, de vértigo y agonía: latidos sofocados de una conciencia que persiste en el absurdo. La poesía, o mejor, la escritura, devienen para Delmonte en exorcismo y catarsis, en la única forma posible de trascender lo frágil, lo leve de la condición humana.


Fernando Cabrera

Autor José Enrique Delmonte


viernes, 4 de octubre de 2019

INMINENCIAS


A Emilio Brea, a propósito

La inminencia de las cosas
toca y disloca la ficción
una hora transparente de dos caras
un silencio rebanado por la luz

La inminencia en el verbo
donde calas esas impávidas versiones
de breves apegos tiernos
de incesantes convergencias

La inminencia en el caos
la certeza en las visiones del allende
o en los quiebres del después
o en los trazos de distancias aun cercanas

La inminencia del asombro
en esos rizos que se antojan eternos
galopantes en descenso
hacia ese punto donde
se desnuda la inocencia

La inminencia en las cosas
—en sí mismo—
y al menos en la palabra
para parecer perpetuos.

©José Enrique Delmonte

La poesía...



"La poesía es algo que anda por las calles. Que se mueve, que pasa a nuestro lado. Todas las cosas tienen su misterio, y la poesía es el misterio que tienen todas las cosas. Se pasa junto a un hombre, se mira a una mujer, se adivina la marcha oblicua de un perro, y en cada uno de estos objetos humanos está la poesía.
Por eso yo no concibo la poesía como una abstracción, sino como una cosa real, existente, que ha pasado junto a mí. Todas las personas de mis poemas han sido. Lo principal es dar con la llave de la poesía."

Fragmento de una entrevista de Felipe Morales a Federico García Lorca. 1936.


¿QUÉ LEER? La redondez de lo posible por Ibeth Guzmán



Aristóteles decía que al escribir una historia los autores plantean tres tipos de personajes: los que están por encima, los que están por debajo y los que están al mismo nivel de los seres humanos. La poesía tiende también a cantar a aquello que está por encima, por debajo o al mismo nivel de la realidad humana. Y cuando su voz se ubica en un plano simétrico al de la realidad humana, deviene el tránsito del poeta por los límites. Un estacionamiento en el mismo centro del ser, y ser último en regodearse de su hábitat en un mundo que solo existe en el borde de esta humanidad postrada en la esperanza del infinito. Esto nos lleva a reflexionar sobre la figuración siempre interior del libro “La redondez de lo posible”, de José Enrique Delmonte, galardonado con el XV Premio Internacional de Poesía León Felipe en España.

Como lectores, somos invitados a transitar con sigilo, de la mano del poeta, este espacio que se abre ante nosotros como una burbuja frágil, etérea. Pero siempre está la tentación de pisar el otro, o sea: uno de los lados.

En ese punto embarga el miedo a abandonar el privilegio que apresa la voluntad de construirse solo a partir de uno de los bordes. Volvemos al centro, nos atrapa una gravedad que nos mantiene flotantes en el medio. La firmeza no existe, estamos cautivos por la incertidumbre de un camino sin principio y sin historia. ¿Cómo se siente este lugar donde solo habita la esencia de las cosas? ¿Frío, caliente, húmedo, blando? No, el tacto está aprisionado en una red de representaciones, de reflejos, de dudas. Solo es posible distinguir lo delgado de lo voluptuoso. Porque la redondez no es una forma, es un estado donde el ser se da una indeterminada finitud.

Nada duele en este espacio, pero existe la certeza de saber lo que debería doler y no duele. Y ese conocimiento evoca la incertidumbre de un recuerdo latente pero olvidado. ¿Es esto peor que el dolor? La respuesta está en ese punto de inflexión que radica entre el sí y el no. Si fuéramos a concluir con alguna sentencia argumentativa el grueso emotivo y racional de esta lectura, tendríamos que parafrasear aquella sentencia de Roland Barthes que más o menos rezaría: un poeta no está para crear palabras nuevas o para decir las viejas cosas de las que está hecha el mundo, un poeta está para escribir con palabras viejas los nuevos mundos que puede ver. De la lectura de “La redondez de lo posible”, de José Enrique Delmonte, queda esa sensación de que nos han descrito con las palabras de este viejo idioma, más viejo que sus habitantes, la realidad que habita en ese espacio fronterizo entre la realidad y el sueño, entre la vitalidad y el tedio, entre el pesimismo y la esperanza.

La redondez de lo posible
Ibeth Guzmán
ibethguzman@gmail.com

APERTURAS INFINITAS


La casa huele a vestigios de gardenias
voluntades permanentes se aglomeran
un pequeño talismán de aperturas infinitas
traicionan la rigidez de sí mismo
ofrece palabras ya perdidas

En cada encuentro la casa envejece
algunos motivos la delatan:
el sofá vacío
el armario en la sombra
un mantel desmenuzado
que ya nadie admira
de las parece brotan ruidos
colores confundidos
sellan testimonios
o conquistas

La casa señala
el centro donde el antes volvía
al revés en las tardes
repetido en aromas
la piel ahora se cubre de albergue

Un caracol en la mano
donde comprendíamos el mundo
tantos rincones de batallas y furias
aposentada placidez en el pasado
la juventud en un instante vuelve

La casa huele a pasillos somnolientos
suena a huella de sonrisas
aun el sol la transparente
en componendas de misterios
o de algarabías

Un pozuelo te sorprende
y caminas detrás de las gardenias…

©José Enrique DelMonte

HABITANTES DEL TEDIO


Si cruzáramos la línea
nos crecería la barba antes de tiempo
y quedaría atrás el mito
de volar sin tener alas
o el sobremito de parecerse al trueno
ya no será nuestra
la magnitud del tiempo
que derrochábamos apegados al fervor

Era el momento de la angustia
un paso nos borraría
como espuma en una brasa
otro nos haría grises
y nos mostraría el cosmos
de una manera confusa
era justa la amplitud
de esa ansia colectiva
que nos llenaba de peso
que nos cargaba de dudas
que nos agigantaba la pena
que nos prohibía lo absurdo

Si cruzáramos la línea
—no lo hagas—
ya no sería posible
reencontrarnos leves
seríamos barbudos siempre
e invisibles después
trasnochados y gruesos
habitantes del tedio

Tan solo una línea
y nosotros en medio…

©José Enrique Delmonte

NARANJAS TRANSPARENTES

Ahora el aire cuelga
de naranjas transparentes
te completas en la efervescencia
de sus trazos

Si partes la naranja
tu materia tu rudeza se adelgazan
entonces flotas y flotas
sobre la alfombra de tu olfato

Suceden tantas cosas invisibles
cuando alguien te permite dividirla
a un lado tan igual
a un lado tan distinto
hay caminos que estimulan
la lucidez de tus gozos

La naranja es una algarabía
de suspenso
honda… una… nueva… sola
en tus manos
asentada en tus sentidos
una naranja tiñe ahora
de utopía tu sangre

©José Enrique Delmonte

EN EL BORDE


La ventaja del mundo plano
es alcanzar por fin el horizonte

Tan simple el horizonte…

Apenas una lejanía inconsistente
cargada de graffitis con el nombre
de los sonámbulos que
no retornaron nunca

La ventaja del horizonte —ahora breve—
es la prohibición del eco
por la saturación de los adioses
la delgadez de la sombra
aleja la cordura de los nuevos
habitantes secundarios

La ventaja de los sonámbulos
es que lucen despiertos para esconderse
de los sueños agobiantes
parecen pompas de jabón sagradas
suspendidas sobre su propio rito

Tan breve el horizonte…

Hay silencio en este borde
donde a veces la campana rompe
la repetición del vacío

Entonces miro atrás
y apenas veo la delgadez del retorno

Tan simple el retorno…

©José Enrique Delmonte

A VECES EL MIEDO


A veces el miedo
mece las brasas del alfa impenitente
que conduce a la nada
vuelva la paz hacia simientes
de rugosos filamentos
se alza con las arras
de estivales desenlaces
y vuelve a dormitar
entre los vaivenes de la inercia

A veces cumbre
de espera inalcanzable
pasajero que se asoma
con versátiles mentiras
inocente instigador de retrocesos
compañero de desgarros
muchedumbre de caminos invisibles

Olor de cosas añejadas
que revela la pequeñez de la voz
borde de caídas suspendidas
en sí mismas
se asemeja al vacío
de las horas perdidas
luminaria que señala
la gravedad de las sombras

Detiene la multiplicidad
de lo posible
arranca desvanece
el dominio del yo
destruye ondulaciones
en los puntos cardinales
en que una vez el hombre
fue uncido tantas veces
ahora mutante
de lo ínfimo de lo incapaz de lo continuo
Suma de palabras parecidas a un arma
tanta soledad
tanta incertidumbre
tanta ambivalencia
en vuelo rasante sobre la espiga
donde descansa la firmeza
que se esfuma

A veces el miedo
es el hombre debajo del hombre
opresor de aspiraciones posibles
marcapasos en pausa
un hielo efervescente
que humedece la venganza
hasta destruir la tierra
donde cuelga nuestra voz

©José Enrique Delmonte

LAS ABEJAS ZURDAS CAMINAN CON DOS PATAS


Las abejas zurdas sueñan futuros en diestra
y huyen de la pesadez en las cosas inertes
duele el aguijón que traspasa mi nombre

Las abejas zurdas caminan con dos patas
cabalgan desnuda en el barro profundo
nadadoras en saliva de marsopas
rumian pasadizos de troncos
impares de mañanas tibias

Las abejas cargan la consistencia en sus alas
—diminutas alas que resaltan opacas—
las veo buscando el rojo o el ocre
en la transparencia del verde
¿ávidas de sangre?
¿rojas de melancolía?
no hay más  tristeza
que la necesidad de los ausente

Hay abejas surdas
que derraman palabras al estambre
aquietadas en luz
celebran en silencio
cuando se abre la dimensión
de lo intemporal

©José Enrique Delmonte

AL OTRO LADO


Al otro lado
tan distinta la piel que se repite
no lo sé
doce campanadas pueden sonar iguales
cuando se espera nada nuevo
pero es tan distinto el rompeolas
las sendas de futuros imperfectos
los ruidos que engrandecen los aromas

Tal como me contaron
aquí la tarde se detiene
para posponer la noche
gladiolos que se abren
con una sola gota
la tierra se mueve
como si navegara lejos
lejos, lejos
un rumor de placidez atrasa relojes
se entorpecen las gaviotas en sus giros
un puñado de arcilla sirve
para afincar memoria

Este es el otro lado
tan cotidiano que acaricia las horas
un azul inmenso
un verde avasallante
intensas olas
que agrandan la esperanza
he visto a las hormigas acercarse a la orilla
solo para conocer el riesgo
retornan risueñas
y se confunden entre ellas
como si fueran otras
es tan vasto este contorno
para suponernos tiernos
o tal vez  concedernos infinito

En este lado
las cosas se asemejan al eco
retornan en voces
o descansan en las manos
se convierten en sirenas
o cabalgan sobre la espalda
de las hojas
basta mirar el horizonte
para saberte de este lado
no es suficiente la nostalgia
para tantas repeticiones del asombro

©José Enrique Delmonte

CUANDO EL FRÍO SE DESVANECE



Al poeta Mariano Lebrón Saviñón

Una grieta se ensancha
el frío se desvanece
la caravana de verbos
huyéndole a la mudez
y la tierra —confusa— aferrada a la dureza
del tiempo que la comprime
hasta volverla un pliego
hasta destruir las voces que
sujetan la redondez de
lo posible

©José Enrique Delmonte

ALGUIEN DIJO QUE SOMOS DISTINTOS

José Enrique Delmonte
La tierra se divide en tantas partes
como la suma de los poros
de la muchedumbre enardecida
pueda aspirar
una línea es eso
una marca que te coloca de un lado
o de otro
y te obliga a parecerte a los que quedaron
de tu lado

Hay universos que no se tocan
porque pueden convertirse en pasadizos
hacia un olvido rugoso
no sé
cuando me coloco en el borde
veo ambos lados iguales
alguien destruye la convicción que sumo
para decirme que los pendones
ondulan horizontales
que las orugas se encuentran
en la cima
y se retiran en fila hacia el pasto
donde murió la mariposa germinal

Si alguna vez dialogas en el hueco
escucharás las palabras más feroces
que aún no puedes descifrar
es la conversación entre anatemas
entre bruma de altivez
que simboliza la otredad

Incluso
hay colores que no son tuyos
que no te pertenecen
sombras que cobijan la siesta
de los que han ganado
las medallas del olvido
colores en versiones
de densidades muy profundas
que una vez flotaron a ambos lados

Hay inseguridad
cuando quieres afincar tus pasos
en la marca diluida de lo propio
se asemeja el agridulce
de las cosas intermitentes
donde pones la mirada o la lengua

Hay dolor que a veces no es el tuyo
pero los gritos de los otros te contagian
hasta prescindir de tus extremidades
te desprendes cuando sufres
te revuelcas cuando duele
te vacías cuando te llenas de tanto odio
de tantas posibilidades de infierno
sobre capas de lo que nos ha precedido

La tierra se humedece
cuando una sola gota
es capaz de aposentarse
en las grietas donde persiste la vida
a un lado florece al menos un jazmín
alimentado por las raíces
que soportan la otra parte
a un lado se humedecen las sendas
y se anegan de esperanza
a un lado
solo
la posibilidad de una mañana
o la certeza de que brotará la valentía
a un lado la soledad inmensa
donde nada es tan verdad
como la mano que prohíbe el descanso

Hay tantos universos que no se pueden tocar
porque mueren al instante
como muere el jazmín que se humedece…

©José Enrique Delmonte

AQUEL VECINDARIO



Perdonen si les digo unas locuras
en esta dulce tarde de febrero
y si se va mi corazón cantando
hacia Santo Domingo, compañeros.
Pablo Neruda
Versainograma a Santo Domingo

Las calles de piedra
las sombras crujientes
el bullicio la mugre
las ofertas el ruido
se rumian vapores
se afianzan quimeras
apuestan futuros
se gime se llora
en los días sin nombre
a mediados de abril
(como si abril fuera ahora
a mediados del año)

Las noches tan graves
con su brisa del norte
domadora de muros
con las luces (no sé)
como si fueran ostras
o puñados de niebla
como si marcharan dóciles
en la sien o en el lodo

Y los nuevos se agrupan
con sus caras de triunfo
anudados confusos aterrados
sobre andenes de sangre
de estiércol o de sal

(La calle que quiebra
las puertas abiertas
los patios que guarda
los silencios ajenos)

Tanta distancia absurda
tantas ausencias ahora
y la risa persiste
en superar aquel tiempo

©José Enrique Delmonte

EL CAMINO ANCHO


Ahora
el exilio descansa en el hielo
la muchedumbre del vacío
inunda el festival de la nada
la pluralidad del humo
la magia y sus versiones
ruedan en pareja leves
llueve doce veces y qué
las termitas se preservan
en rendijas de otoño
la nostalgia o la intermitencia
o la valentía de los que rumian
detrás del camino ancho

El camino ancho
tan ancho…
©José Enrique Delmonte

SOBRE EQUINOS DE MADERA


Lo importante de esos años
no fue la tarde que obligó
a retrasar la madurez
tampoco los sobresaltos
en medio del asombro
ni las continuas lecturas
de galaxias repetidas
no fue el destino escogido
imbuidos de escozor
ni la complejidad de lo simple
que moraba en el entorno
ni la certeza de esa voz
sometida a prueba

Lo importante no fue
la grandeza de los miedos
cuando nos sabíamos
vulnerables al tiempo
ni la secuela de conquistas
sobre equinos de madera
ni la ampliación de los afectos
asentados en lazos

Lo importante…
apenas lo que queda

©José Enrique Delmonte

PÁGINAS DOBLADAS


Si lo hubiéramos sabido
habríamos derruido el tiempo con las manos
sin remordimientos
apretujados los segundos
que deciden la validez de las cosas
las escarchas habrían quedado
dormidas en las páginas dobladas
como cicatriz de suspicacias
como fisura de longitudes poderosas

Es tan tenue la distancia ancha
de la boca que separa la gigantez de la esencia
que allí sobresale el miedo
o se percibe la mirada de los errantes conocidos
es tan roja la esfera del pecado
que nos asumimos ruido
nos convertimos en simiente
nos trasnochamos en la nada

Y aun en la duda
confundidos con la similitud de los días
en que la bruma atraviesa la sombra
o la sombra se asemeja al alba
debimos destruir el tiempo
—si lo hubiéramos sabido—
donde la nostalgia es un hilo
suficiente para eternizar simplezas
y guardar las páginas dobladas

©José Enrique Delmonte

EL UNIVERSO MUERE DOS VECES


A Robert Frost

La tierra en las alas de un mirlo
muere y muere el universo dos veces
las olas disminuidas en algas
huele agria
la mañana de este otoño

Dos mirlos
son la constelación posible
apretujados redondos
embardunados de silbidos
son capaces de sostener
la sombra del eclipse
que provocan

La tierra o el universo
tal vez océanos de rayos
en el límite de la agonía
donde rumian las medusas
la memoria de sus mirlos
en este otoño rojo del retorno

©José Enrique Delmonte

DONDE MORA LA INCERTIDUMBRE



Hubo una vez el mundo
entonces ya la incertidumbre
siempre
puede que llueva a cántaros
tal vez decidamos adherirnos al suelo
y convertirnos en sopa
puede que nos dejen entrar sin preguntarnos
a dónde van tan de prisa
si aún no conocen la lista oficial
puede que saltemos doce metros
sin acudir a las alas
inservibles en su exilio
cuando llegan los días largos

no sé si pedir las cosas
para llevar o para quedarme
es apenas un segundo
de eternidad inconclusa
parecido a la fogosidad de las nubes
puede que transite en círculos
o prefiera descender en espiral
hacia el principio de las cosas
donde mora la incertidumbre
como si fuera cierta

©José Enrique Delmonte

RANURAS EN EL AIRE


Parecían carcajadas en descenso
o ranuras en el aire
o episodios de humedades
tanta gente que acude a
la batalla de torrentes

Nosotros asumíamos el rito
intuidos por el golpe del sureste
éramos una manada en espera
con inquietud por someternos
a su toque
la cara atenta la piel rebelde
a lo tibio a lo tenue a lo nuevo
en el estío

Parecían rumores de maracas
salpicadas de fondo
y nosotros festivos
desbibujados por las gotas
que nos vestían de halagos
y nosotros desnudos
inertes atrapados
en la inmensidad del iris
asomado a la dicha

©José Enrique Delmonte

LAS ORUGAS NO TIENEN NUDOS


Abrí la mano derecha
y no había nada
¡nada!
ni siquiera los nudos retorcidos
¿a dónde se marcharon?
¿quién los borró?
¿para qué podrán servir lejos de mí?
entonces pensé quizás estás muerto
totalmente muerto
como se mueren los zurdos
o se mueren los ciempiés

Si abres tu mano derecha
y no reconoces tus marcas
piénsalo
estás muerto
¡completamente muerto!
aunque escuches a los cuervos
devorar la noche
o a los arándanos
adueñarse de la luna
aunque estrieguen al oído
tu nombre
y tiembles cuando te acerques
al abismo
estás ausente
¿quién puede estar vivo
sin los nudos de su mano derecha?

Te miras al espejo
y no te ves
eso te han repetido siempre
pero es cierto
no te ves como eres
te ves como debiste ser
quizás una oruga llena de mundo
o una calamidad de residuos

En serio
todo puede ser para ti
o asumir que sigues vivo
o trasladar tus ansiedades
a otro tiempo
solo la ausencia de los nudos
te someten a la duda
sobre ti mismo

©José Enrique Delmonte

LA INSENSATEZ DE LOS VÉRTIGOS


¡En la espiral
los pensamientos deformados
ahora convertidos en filos
y las palabras
que una vez fueron palabras
derruidas de sí mismas

Un poco de centro
suficiente para desbordar la inocencia

Nada escapa
a la insensatez de los vértigos
aquellos ingrávidos suspensos
donde asumíamos
la longitud de las cosas
tan ajadas
que nos parecían nuevas

Tantos episodios
de estrellas conocidas
(allí Sirio
allá Celeno
tal vez Polaris)
que la espiral nos acercaba
al ojo inamovible de la noche

Aún se derrama
el olor de la melancolía
izada en episodios
donde se conjuga
la palabra viento

En la punta de los giros
colgados en un cosmos
rebanado en láminas de firmamento
en lajas de repeticiones
similares a espejos que dialogan

Nada escapa
a la insensatez de los vértigos
tan sublimes
tan leves
que aún no se escapan de nosotros

©José Enrique Delmonte

SOBRE LIBÉLULAS


Cuando por fin llegas a la arista
reconoces que has tocado el cosmos
¿te das cuenta que es casi un arrecife?
se parece tanto a esos bordes
entre la bondad y la incertidumbre
la tocas y sientes la peligrosa ansiedad
de dividir los antes
¡ah! emites ese grito
en medio de la nada que
se queda flotando a la espera de
algún hueco de escape
¿ha valido la pena atravesar la densidad?
montado en las alas
de la única libélula sin miedo
que confió en ti?
lo sientes y te estremeces
es la primera vez que tu corazón gira
hacia el lado inverso
¿dónde ha quedado el ojo
que podía ver el color turquesa?
te convences que este es el vacío
ese instante de las cosas plegadas
sobre sí mismas
y ves las palabras que piensas
suspendidas en la punta
de la raya imaginaria del ahora
no sabes qué hacer
con tanta extravagancia posible
y te cae una gota en la cara
que te humedece la memoria
que te acerca al abandono de lo absurdo
ya ves el turquesa en tu mano
y sabes que retornas al lugar
donde el vacío se expande
y las libélulas ríen

©José Enrique Delmonte

CANTO DE SIRENA PARA GERTRUDE


A Gertrude Stein

¡Muévete, Gertrude, muévete!
navega atraviesa domina la inmensidad
de lo lejano de lo cerca
acrecienta la espera sobre las hojas
que mercan destino
¡deprisa, antes de que sea tarde la tarde!
rueda sobre cipreses
elévate hasta mirarnos
despójate de tu Olimpo
desciéndenos aposéntate en las arenas
solitarias del estío
dibújate en cigüeña
en gaviota en codorniz
y tienta la bruma donde
se adormecen las palabras
palabras que son palabras que son palabras
parecidas a tus feroces noches salvajes
a tus resortes de magia
a tu cobijo necesario
de voces y texturas
camínanos con Yelidá
a la orilla donde se confunden los sueños
las partidas los retornos
susurra breve a la diestra
de la hija reintegrada
y descubre con valentía
la historia de la mujer que está sola
—parecida a Aura a Vicky a Luisa—
cuando te envuelvas en café
asómate ahora
a la niña que quería ser sirena
y repítele una vez más que
una rosa es una rosa es una rosa
como la vida inmensa
y tu cercanía enorme plausible infinita
©José Enrique Delmonte