A veces el miedo
mece las brasas del alfa impenitente
que conduce a la nada
vuelva la paz hacia simientes
de rugosos filamentos
se alza con las arras
de estivales desenlaces
y vuelve a dormitar
entre los vaivenes de la inercia
A veces cumbre
de espera inalcanzable
pasajero que se asoma
con versátiles mentiras
inocente instigador de retrocesos
compañero de desgarros
muchedumbre de caminos invisibles
Olor de cosas añejadas
que revela la pequeñez de la voz
borde de caídas suspendidas
en sí mismas
se asemeja al vacío
de las horas perdidas
luminaria que señala
la gravedad de las sombras
Detiene la multiplicidad
de lo posible
arranca desvanece
el dominio del yo
destruye ondulaciones
en los puntos cardinales
en que una vez el hombre
fue uncido tantas veces
ahora mutante
de lo ínfimo de lo incapaz de lo continuo
Suma de palabras parecidas a un arma
tanta soledad
tanta incertidumbre
tanta ambivalencia
en vuelo rasante sobre la espiga
donde descansa la firmeza
que se esfuma
A veces el miedo
es el hombre debajo del hombre
opresor de aspiraciones posibles
marcapasos en pausa
un hielo efervescente
que humedece la venganza
hasta destruir la tierra
donde cuelga nuestra voz
©José Enrique Delmonte

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