voluntades permanentes se aglomeran
un pequeño talismán de aperturas infinitas
traicionan la rigidez de sí mismo
ofrece palabras ya perdidas
En cada encuentro la casa envejece
algunos motivos la delatan:
el sofá vacío
el armario en la sombra
un mantel desmenuzado
que ya nadie admira
de las parece brotan ruidos
colores confundidos
sellan testimonios
o conquistas
La casa señala
el centro donde el antes volvía
al revés en las tardes
repetido en aromas
la piel ahora se cubre de albergue
Un caracol en la mano
donde comprendíamos el mundo
tantos rincones de batallas y furias
aposentada placidez en el pasado
la juventud en un instante vuelve
La casa huele a pasillos somnolientos
suena a huella de sonrisas
aun el sol la transparente
en componendas de misterios
o de algarabías
Un pozuelo te sorprende
y caminas detrás de las gardenias…
©José Enrique DelMonte

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