A Gertrude Stein
¡Muévete, Gertrude, muévete!
navega atraviesa domina la inmensidad
de lo lejano de lo cerca
acrecienta la espera sobre las hojas
que mercan destino
¡deprisa, antes de que sea tarde la tarde!
rueda sobre cipreses
elévate hasta mirarnos
despójate de tu Olimpo
desciéndenos aposéntate en las arenas
solitarias del estío
dibújate en cigüeña
en gaviota en codorniz
y tienta la bruma donde
se adormecen las palabras
palabras que son palabras que son palabras
parecidas a tus feroces noches salvajes
a tus resortes de magia
a tu cobijo necesario
de voces y texturas
camínanos con Yelidá
a la orilla donde se confunden los sueños
las partidas los retornos
susurra breve a la diestra
de la hija reintegrada
y descubre con valentía
la historia de la mujer que está sola
—parecida a Aura a Vicky a Luisa—
cuando te envuelvas en café
asómate ahora
a la niña que quería ser sirena
y repítele una vez más que
una rosa es una rosa es una rosa
como la vida inmensa
y tu cercanía enorme plausible infinita
©José Enrique Delmonte

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