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viernes, 4 de octubre de 2019

La espacialidad de la palabra. El puente entre la poesía y la arquitectura de lo imaginario. Un paseo por el mundo poético de José Enrique Delmonte. Por Denisse Español


Bien podría decir que cada palabra es una casa. Inmediatamente abres sus puertas entras en un mundo amplio y largo donde esta se explaya y se pasea por espacios multicolores, reflejos de ella misma.
Siempre he pensado que la palabra es el elemento más fuerte que posee el ser humano y es quien cose el arte al hombre ya sea en forma de pensamiento, un decir, o un suspiro, quien insonoro se emite y convirtiéndose en palabra se concretiza permitiéndose ser contado.
Vicente Huidobro dijo, “En todas las cosas hay una palabra interna, una palabra latente y que está debajo de la palabra que las designa. Esa es la palabra que debe descubrir el poeta.” Este concepto que sembró una chispa curiosa en mí, iniciadora de la búsqueda del espacio que crea el lenguaje, haciéndolo hoy a partir del análisis de la poética de José enrique Delmonte Soñé.
Esta búsqueda, la cual uso de abrigo para merodear por este camino profundo de la poética del autor, se ha clavado en mí, tal vez por ser también arquitecta. Esta profesión que hemos elegido para vivir marca no solo tú manera de ser, sino también de pensar, de cómo reaccionar ante las cosas, de cómo vivir y por ende, marca de igual forma, la manera en que te expresas bellamente. Nuestra hermosa profesión nos afecta igualmente en la capacidad de ser contenido espacialmente, incluso por las palabras, aun mas cuando las mismas se convierten en valles, explanadas, hogar. Es tan fuerte esta manía del manejo del espacio, que somos capaces de comprender a las personas como lugares preciados, al ser amado como “el mejor lugar del mundo”.
Definitivamente, en mi esencia, creo firmemente que entre la literatura y la arquitectura siempre ha existido un lazo invisible que las ata, tal vez porque en mí, al igual que en José Enrique, Jennet y Omar, habita un lugar donde ambas viven en plena comunión. Pero también, es a través de la palabra que damos forma a las cosas en nuestro mundo imaginario, que generamos su concepto de existencia. Como dijera Ángel González en uno de sus profundos poemas: ¿Qué sería tu nombre sin ti? / Igual que la palabra rosa sin la rosa: / un ruido incomprensible, torpe, hueco. Otorgándole así a la palabra el bastón de su objeto, imposibles pues, de ser separados.

Mediante el análisis de la obra del autor desde esta, mi perspectiva, he podido advertir el nacimiento de una espacialidad sonora y contundente, tejida con palabras y versos. Los ambientes creados, se encuentran ejemplificados en diversas ocasiones, presentados de una u otra manera, modificando la esencia de la palabra en su función básica y ampliándola hacia su significado oculto y latente. Bien podríamos decir que la obra de Jose Enrique revela infinitos aposentos a ser visitados, innumerables rincones y perspectivas para admirarle. He tratado de crear una clasificación para estos diversos mundos, agrupando su esencia en conceptos que a continuación presentaremos.

El espacio creado a través de las acciones.

Para que exista la acción, debe existir un escenario.

Cito a Orlando Fals Bordas en su libro Acción y Territorio: La acción, el hecho, instaura instantáneamente una identidad territorial, el apropiamiento del espacio a través de la acción ha creado por siglos el sentimiento de posesión de un entorno, la propiedad colectiva de la tierra.
Así como los padres de la patria accionaron una vez para hacerse responsables de un espacio territorial y regalarnos una nación, cada acción proclama la apropiación de un entorno que permanece indiscutible en la memoria.
Los infinitos escenarios de actuación, la ciudad, el campo, la casa, el espacio habitado en la memoria, son creados directa o indirectamente por la acción ejercida, por el verbo conjugándose en algún lugar. En las técnicas narrativas el ambiente físico es el espacio real, donde los personajes interactúan. A veces este espacio queda omitido en palabras pero latente y contundente sosteniendo una desarrollo real, de movimientos estridentes y fuertes.
Un ejemplo de este tipo de espacialidad lo hemos identificado en el poema Giramos, primer poema de Once palabras que mueven tu mundo, donde el autor dice:
“A pesar de la distancia, / adelantamos pasos / y volvemos al punto de inicio/ donde aprendimos a girar la rueda del ya no vuelve.”
Cuando adelantamos pasos, generamos un acto que evoca un recorrido, un camino se forma instantáneo en la mente. Estos versos sugieren de igual forma una distancia específica, larga y posiblemente triste, ya que se muestra justificada “a pesar de la distancia”.  La permanencia del acto que genera la incesante repetición, es la testarudez del hecho que hace surgir el camino infinito, sin finales reconocidos.
Al tropezar con los últimos versos que dicen “persistimos un día en aprender / a quedarnos.”
Surge en mi mente una pregunta ¿A quedarnos dónde? dónde existe ese lugar que crea el autor tejido de palabras. Es acaso un espacio imaginario, su alma o el lugar que crean dos personas cuando están unidas. El hogar que se genera y se desarrolla en la rueda, que se repite y no avanza, girando incesante. La decisión de permanecer sugiere un lugar, aunque ese lugar sea tal vez un estado de ánimo, la paz o la guerra interna generada al mismo tiempo en los momentos que sentimos cuando nos percibimos estancados.
O como en el poema Suficientes vértices
“Transito / entre vueltas y vueltas / como quien no sabe hacia dónde / mientras recuerdo las hojas / que crujen cuando vuelvo y paso / cuando me grito es lo mismo“ En este poema, a través de la idea completa y siendo sublimizada en estos específicos versos, el autor  convierte el cuerpo de la amada en un lugar, donde recrea un recorrido circular que emana recuerdos mediante los pasos sonoros que ha repetido, que son viejos (hojas secas) que resurgen ante la fuerza de un grito desesperado. Ese espacio conocido, suficientes vértices que enmarcan un recuerdo, es también infinitamente misterioso. Se convierte en el lugar donde ejerce sus dudas, donde finalmente no puede decidir de qué forma, qué manera ocuparlo.
En el libro Alquimias de la ciudad perdida, el espacio, a través de muchos de los relatos poéticos un mundo surreal y millonario, surge usualmente de forma conocida, siendo creado al nombrar artefactos que lo delimitan u objetos que ya existen en la ciudad y se divisan a través de un recorrido. Pero también, a través del mundo imaginario y parido en imágenes del autor, encontramos en ciertas ocasiones, ese lugar sugerido por la acción, ejemplificado de forma magnifica en el relato poético de nombre EL ÁGAPE. “como buenos corderitos se fueron colocando en fila india, los hombre por un lado, las mujeres por el otro, niños y señoras en el frente y condenados y piadosos al final” En este limitado párrafo se asoma un amplio lugar, una plaza o un callejón de la ciudad perdida. Se su grandeza se descubre mediante la idea del número de personas congregadas, organizándose para recibir el regalo del zumo, que en su realidad dudosa representa tal vez otra acepción. También en el mismo relato, al nombrar a varios personajes, surge de repente la idea del barrio como un contenedor repleto de conocidos, donde cada quien tiene y cumple con su rol. La espacialidad se muestra en su sentido comunitario. “Y hubo que llamar a Marta Santos, la comadre de Mileca, la señora de los ritos y las citas exitosas… y hubo que llamar a sor celeste que traía entre las manos un frasquito de mentol. “
El espacio que se crea en la memoria

Otra vertiente de la espacialidad, muy propia de la literatura, sobre todo de la narrativa, y que también tiene que ver en ciertas ocasiones con la acción, es el lugar que se crea en la memoria de un pasado. Un lugar que existió, que tal vez existe aún, pero que indiscutiblemente no forma parte del presente de quien lo presenta. Ese tipo de espacio de la memoria, nostálgico desde el instante mismo en que se descubre, se presenta usualmente afectado por los sentimientos de aquel que lo cuenta. Del tamaño, de la edad, de la forma… Siempre hago consciencia de que los espacios en la niñez eran mucho más grandes que hoy y al recordarles uno hala del pasado con la amplitud vivida. Un ejemplo de este espacio escondido entre las líneas del autor, es descubierto en el relato “la esperanza” del libro Alquimias de la ciudad perdida, donde el autor revela como pócima mágica su existencia  “Que fácil era enlodarnos y sonreír nuestras hazañas, que simple era lavarnos el envés de nuestras manos envueltas en laureles. Y saltábamos en los charcos estivales y nos adornábamos con cadillos con nobleza como si fuesen nabos. Y juntábamos tapitas de colores para luego colocarlas en la espalda so pena de parecer reveses.”
Es difícil no imaginar este escenario con sus indiscutibles actores, correteando felices, inundados de alegrarías. Cada cual en su cabeza, lo construye con la arquitectura de la nostalgia expresada delicadamente por el autor. Callejones húmedos, charcos listos para ser asaltados por diminutas pisadas, las hojas de los laureles tamizando el cielo…

El espacio arquitectónico de palabras elegidas. Conceptos disfrazados

Caminando un poco más hacia la arquitectura, casi rozando sus muros. Vistiendo el especial traje de arquitecta que se bordó sobre mí al leer por primera vez la obra de Jose Enrique. He descubierto, o mejor dicho, fui asaltada por frases arquitectónicas disfrazadas de poesía. Frases a las que les llamo “constructoras de una arquitectura imaginaria”.
Estos versos son poesía, hecho que ante la obra completa del autor no se pone en duda,  que empleando términos puramente arquitectónicos transgreden la realidad de su verdadero significado, multiplicándose y extendiéndose en su contenido.

El concepto de Verticalidad.

Es ciertamente la verticalidad un concepto arquitectónico. Este concepto presenta para mi uno de los puentes más claros que se construye entre la poética de Jose enrique y la arquitectura. Al recorrer el aposento de la obra del autor se advierte como crea un nuevo concepto de verticalidad en sus versos.
La palabra vertical o mejor dicho, el concepto completo que evoca un desplazamiento al infinito ascendente. La verticalidad existe en la poética de Jose enrique en forma de mujer. Y es curioso para mí el haber descubierto esta palabra acompañada de ese poético latido femenino cuando este concepto de manera casi universal es adjudicado al hombre. Entonces Jose Enrique se antepone la idea presentándose diminuto ante el ser amado, asumiéndola grande, mirando hacia el cielo para poder dormirse en su imagen.
“Tu tan erguida/ infinita/ entonces tu eco movió mi centro” (Ruletas y Naipes)
“Cuando te veo/ pareces un instante en vertical”

Otros ejemplos de este lenguaje poético – arquitectónico que asaltaron mi sub consciente, son presentados a continuación a modo de cierre de mi exposición junto a un brevísimo contracanto o respuesta que he escrito a cada uno en honor al autor, palabras nacidas en mi mundo imaginario, después de haberlos tomado sorbo a sorbo.

 “Antes de decidir la textura del destino/ Antes de sumergir mi borde / en los nudos o en los tallos”

Voy uniendo los nudos de los tallos con líneas imaginarias, sus bordes ya se han convertido en ramas estiradas dibujando el laberinto de un lienzo de luz, esas líneas son mis dedos, mis nudillos amarrados a los árboles.

“Conozco suficientes vértices /duplicados en esquinas que señalan / la calle sin salida que siempre / entorpece la mirada. “
En una caja rota, despedazada, he reconstruido tus rincones. No existen calles con salida en esta caja.

“Ya pude sumir longitudes en tus límites”

Navaja, corta
esas longitudes que
invaden bordes

“Dormitando en tu línea imaginaria”
La cabeza cae de improviso, un bostezo se adueña del mood y esa línea imaginaria que has dibujado, se borra entre sueños.

Junto a esta despedida les invito a que se animen hacer una excursión hacia la obra de José Enrique usando anteojos con diferentes perspectivas, se atrevan a descubrir las palabras que brotan incesantes dentro de los aposentos que este trabajo literario construye palabra a palabra.

Denisse Español
Arquitecta y poeta
Denisse Español