Publicado en el Boletín del Ateneo Insular
LA
INTUICIÓN DEL MISTERIO
EN LA
POESÍA DE JOSÉ ENRIQUE DELMONTE
Por
Bruno
Rosario Candelier
“…no
hay más tristeza
que
la necesidad de lo ausente”.
(José Enrique Delmonte)
José Enrique Delmonte es un recio intelectual dominicano con una fecunda
y edificante obra en arquitectura, demografía y literatura. Natural de Santo
Domingo, autor de ensayos, narraciones y poemas, ha publicado valiosos libros
donde la palabra es centro de sus intuiciones y vivencias (1).
Las vertientes de la creación poética de José Enrique Delmonte en La redondez de lo posible son las
siguientes:
1.
El sentido trascendente del misterio subyacente en la realidad sensible (Trascendentalismo).
2.
Dimensión representativa de las cosas, que percibe la mente consciente (Simbolismo).
3.
Significado oculto, profundo y entrañable que las cosas contienen (Surrealismo).
4.
Expresión de la lo interior de lo viviente que la realidad concita en la sensibilidad
(Interiorismo).
Para
formalizar, en el plano de la creación poética, su visión de la realidad, el
poeta crea cuatro instancias en el fuero de la palabra:
1. Creación de la realidad
verbal como ámbito representativo de lo que las cosas encarnan y sugieren.
2. Reproducción de la realidad estética como fuero entrañable que los datos sensoriales
aportan.
3. Recreación de la realidad
sutil que lo real despliega, ámbito vaporoso, imaginario y espiritual, que
la dimensión material genera.
4. Auscultación de la realidad interior de lo existente para reproducir, en el cauce de
las sensaciones, las vivencias del sujeto visionario.
José Enrique Delmonte, prestante intelectual con alto prestigio como
arquitecto, historiador y poeta, en La
redondez de lo posible (2) confirma que la poesía es una de sus pasiones
porque los poetas, que están instalados en el mundo y que desde la percepción sensorial
de las cosas nutren su sensibilidad y su conciencia, suelen canalizar sus
intuiciones y vivencias a la luz de lo que perciben en su contacto con lo real.
En el primer texto de este poemario, el poeta
habla de la inminencia del asombro, lo que indica que él se asombra ante la
realidad de lo viviente. En efecto, el encanto de las cosas, el sentido de las
cosas o el misterio de las cosas concitan su sensibilidad y lo invitan a
plasmar, con el lenguaje de la creación poética, lo que siente, vive y
experimenta en su contemplación de lo viviente, y por esa razón el poeta se
instala ante la inminencia de las cosas, y asume la palabra justamente para
testimoniar lo que las cosas le inyectan en su sensibilidad, para canalizar lo
que las cosas le sugieren, que es lo que hacen los poetas, los genuinos poetas
que se inspiran en la realidad de lo viviente, como podemos constatarlo en esta
muestra poética:
La
inminencia del asombro
en
esos rizos que se antojan eternos
galopantes
en descenso
hacia
ese punto donde
se
desnuda la inocencia
La
inminencia en las cosas
-en
sí mismo-
y al
menos en la palabra
para
parecer perpetuos.
(La
redondez de lo posible, p. 11).
En el poema titulado “Aperturas infinitas” el poeta se instala en la
casa y observa los detalles sensoriales que reflejan las cosas (objetos,
muebles, flores, adornos), todos los detalles que hay en una casa y, entonces,
percibe la sensorialidad de las cosas pero, como poeta que ausculta lo viviente,
no se queda en la dimensión de lo sensorial, sino que penetra en la vertiente
profunda de lo real mediante la auscultación con sus sentidos interiores para
captar el valor de las cosas. Entonces, como un pequeño talismán, percibe la
realidad infinita, o mejor dicho, las manifestaciones infinitas de la realidad
porque la realidad, aun siendo limitada y finita, canaliza irradiaciones
infinitas a través de sus fluidos sensoriales y, sobre todo, mediante sus
efluvios suprasensibles que la palabra capta y perfila, y que el poeta usuario
de la palabra, como creador de nuevas realidades estéticas y verbales, trata de
asumir, recrear y entender cuando ausculta lo que subyace en el sótano de la
misma realidad:
La
casa huele a vestigios de gardenias
voluntades
permanentes se aglomeran
un
pequeño talismán de aperturas infinitas
traiciona
la rigidez de sí mismo
ofrece
palabras ya perdidas.
(La
redondez de lo posible, p. 12).
Dije que el poeta ausculta el sentido trascendente del misterio, pues
cuando digo “el sentido trascendente del misterio” sugiero, en primer lugar,
que el poeta va por el sentido, pues no le interesa la apariencia de las cosas
aunque no la desdeña, pues lo que él busca realmente es el sentido, el sentido
que subyace a las cosas y, desde luego, va mucho más allá porque no se conforma
con el sentido, con el sentido de las cosas, porque él quiere auscultar el sentido
del misterio, y esa es la importancia de este poemario en el que su agraciado
autor aborda esa dimensión enigmática de las cosas, esa dimensión sutil de lo
viviente, porque ciertamente las cosas tienen una dimensión enigmática, lo que
significa que no comprendemos todo lo que encierran, no lo captamos todo,
porque hay una dimensión oculta, soterrada, solapada, misteriosa y enigmática
que tiene todo lo existente, y que los poetas, que tienen la capacidad para
horadar la parte inasible de la realidad y, sobre todo, porque tienen la
vocación para penetrar en la dimensión soterrada de las cosas, entonces el
misterio les atrae, ya que el misterio es una fuerza poderosa y apelante en los
poetas, y el mismo autor de este libro, José Enrique Delmonte, habla de la
componenda de misterios porque él quiere tener una componenda particular con el
misterio, ya que su intención es revelar, mejor dicho, revelarnos a los que no
somos poetas, ese misterio profundo que ocultan las cosas, que entrañan las
cosas, que solapan las cosas por lo cual el poeta da una mirada profunda a esa
dimensión inasible de la realidad, como se manifiesta en la siguiente cita de
su singular poemario:
La
casa huele a pasillos somnolientos
suena
a huella de sonrisas
aun
el sol la transparenta
en
componenda de misterios o de algarabías.
(La
redondez de lo posible, p. 13).
Dije también que nuestro poeta aborda lo que la realidad muestra, que él
contempla y disfruta como parte de las vivencias de su conciencia con la onda
sutil de lo viviente, y, con esa profunda dotación que tiene José Enrique
Delmonte para conocer la dimensión inasible de lo existente, llego a la
conclusión de que una onda surreal, interiorista, simbólica y trascendente,
subyace en la creación poética de este poeta dominicano, y en el fragmento
poético que cito a continuación el poeta aborda la realidad, y con sus sentidos
sensoriales capta las manifestaciones sensibles, pero él no se queda en las
manifestaciones sensoriales, sino que va más allá porque procura lo ultrasensible,
es decir, esa onda sutil, interna, esencial y profunda que tienen las cosas;
por eso él valora las cosas invisibles de la realidad, esa dimensión sutil y
entrañable que tiene toda realidad y que concita su intelecto, su vocación
creadora con la identificación que él experimenta ante la dimensión profunda de
lo viviente, como lo demuestra en esta parte de su creación, indicativa de una
onda surreal, interiorista y simbólica subyacente en la creación poética de
José Enrique Delmonte:
Si
partes la naranja
tu
materia tu rudeza se adelgazan
entonces
flotas y flotas
sobre
la alfombra de tu olfato
Suceden
tantas cosas invisibles
cuando
alguien te permite dividirla
a un
lado tan igual
a un
lado tan distinto
hay
caminos que estimulan
la
lucidez de tus gozos.
(La
redondez de lo posible, p. 16).
Dice José Enrique Delmonte en el poema titulado “En el borde” que la
ventaja del mundo plano es alcanzar por fin el horizonte. Esa es una palabra
clave, “horizonte”, y, efectivamente, en ese fragmento poético el concepto del
vocablo horizonte tiene una connotación simbólica, y ya dije que el
simbolismo es una de las vertientes estéticas de este poemario de Delmonte y,
de hecho, cuando un poeta aborda una palabra, cuando un creador usa una palabra
con un sentido simbólico, es un aspecto clave y muy valioso en la creación
poética porque la dimensión simbólica tiene un carácter representativo de
valores subyacentes que no se ven, y acontece que el horizonte es muy
importante porque todo tiene un horizonte, y ese horizonte implica que hay algo
más allá de lo visible, una dimensión profunda y trascendente, un significado
oculto y subyacente, y todo cuenta con esa dimensión profunda, esa es una dimensión
singular en la poética de Delmonte porque contribuye a darle esa categoría
estética, lírica y simbólica a su creación poética como se aprecia en este
poema:
La
ventaja del mundo plano
es
alcanzar por fin el horizonte
Tan
simple el horizonte…
Apenas
una lejanía inconsciente
cargada
de grafitis con el nombre
de
los sonámbulos que no retornaron nunca.
(La
redondez de lo posible, p. 17).
Para cualquier lector podría ser un desafío internarse en la onda sutil
de este poemario, que parece indagar la arquitectura del misterio que las cosas
encarnan, y eso que acabo de decir, “la arquitectura del misterio que las cosas
encarnan”, tiene una alta significación en la visión estética, filosófica y espiritual del autor de esta obra, justamente
porque él, como arquitecto y poeta, indaga esa dimensión medible y estética de
las cosas, y al decir que él procura “la arquitectura del misterio”, es una
expresión sugerente para identificar esa singular vertiente que contiene y
canaliza esta obra poética de José Enrique Delmonte. En una parte de su
poemario él habla de “esos rugosos filamentos de la realidad” que se alza con
las arras de estivales, y entonces en esos términos crípticos, secretos,
profundos, el autor de alguna manera está revelando que pudo penetrar en esa
dimensión inasible de la realidad, y esa es una virtud poética del autor de
esta obra, como se manifiesta en el siguiente fragmento del poema titulado “A
veces el miedo”, porque el miedo siempre está presente en los creadores de
poesía y ficción, pues el miedo activó las neuronas cerebrales que dan cuenta
de la capacidad de la captación sutil de lo viviente, de la dimensión creadora
de la conciencia para percibir lo que la realidad sensorial oculta:
A
veces el miedo
mece
las brasas del alfa impenitente
que
conduce a la nada
vuelca
la paz hacia simientes
de
rugosos filamentos
se
alza con las arras
de
estivales desenlaces
y
vuelve a dormitar
entre
los vaivenes de la inercia.
(La
redondez de lo posible, p. 19).
Crear una realidad verbal es parte de la condición poética de los
autores que canalizan y plasman su singular percepción de las cosas. Por eso
dice nuestro poeta que el dominio del yo
destruye ondulaciones. ¿Por qué? Porque justamente el yo te separa de la realidad de las cosas por cuanto puede hacer que
se pierda la perspectiva de lo que las cosas son cuando se mira el mundo con
una visión egoísta y limitada. La condición poética de superar el yo justamente lo hace para percibir las
ondulaciones entrañables de las cosas, que es una manera de decir que el poeta
quiere crear una realidad verbal con la cual pueda testimoniar lo que su
intuición percibe:
…el
dominio del yo
destruye
ondulaciones
en
los puntos cardinales
en
que una vez el hombre
fue
uncido tantas veces…
(La
redondez de lo posible, p. 20).
Nuestro poeta sabe, y como lo sabe lo dice, que está consciente de que
está instalado en la realidad, de que tiene un punto de contacto con el Universo.
Y sabe también que, además de la realidad visible, hay una realidad invisible,
una realidad sutil y trascendente por lo que Platón hablaba del mundo ideal
(3), que establecía en el “más allá”, y entonces el poeta consciente de que
está en este “mundo real”, y consciente de que hay un mundo, por decirlo así, ideal,
un mundo superior a lo visible, es una manera de señalar que como realidad
sensible puede testimoniarla, pero también puede hablar de las señales
trascendentes, de las irradiaciones sutiles del más allá que su conciencia profunda
le permite intuir al hacer contacto con el Numen de la sabiduría espiritual de
la memoria cósmica, pues le sugiere la posibilidad de hacer una creación
poética inspirada en esa realidad sutil:
En
este lado
las
cosas se asemejan al eco
retornan
en voces
o
descansan en las manos
se
convierten en sirenas
o
cabalgan sobre la espalda
de
las hojas
basta
mirar el horizonte
para
saberte de este lado
no es
suficiente la nostalgia
para
tantas repeticiones de asombro.
(La
redondez de lo posible, p. 23).
En otro de sus poemas el poeta nos habla no solo del miedo, que es
connatural a todo ser vivo y también a todo creador de arte, y también habla de
los afectos y señala que lo importante es lo que queda, es decir, en la
contemplación de lo real no percibimos todo lo que la realidad muestra, ya que
solo percibimos fragmentos de la realidad, porque normalmente percibimos los
datos sensoriales de las cosas, por lo que muchas manifestaciones
suprasensibles que emite la misma realidad, como los efluvios que manan de
ella, de las cosas que permanentemente fluyen, que nuestro poeta lo sabe y lo
siente porque suele percibir la voz de las cosas, una vertiente sutil, secreta
y entrañable que perciben los poetas en virtud de su afinada sensibilidad para
captar esa dimensión suprasensible de la realidad o podríamos decir esa faceta
sutil de la realidad. Entonces por esa razón suelen escribir versos
enigmáticos, simbólicos, crípticos, aspectos incompresibles porque es difícil
plasmar en voces comprensibles lo que es incomprensible de la realidad, y ese
es el enigma de la profunda creación poética, ese es el dilema de la creación
poética que aborda el misterio, como se aborda en esta obra de Delmonte y,
entonces por esa razón pocos van a entender el significado profundo de esta
creación poética, la dimensión trascendente que ha logrado canalizar el autor
de La redondez de lo posible justamente
por esa dimensión sutil, profunda, enigmática y criptica de la realidad, que
solo la poesía profunda puede aludir con su lenguaje simbólico, con el caudal de
las imágenes propias de la creación poética, como se puede ilustrar en los
siguientes versos:
Lo
importante no fue
la
grandeza de los miedos
cuando
nos sabíamos
vulnerables
al tiempo
ni la
secuela de conquistas
sobre
equinos de madera
ni la
ampliación de los afectos
asentados
en lazos.
(La
redondez de lo posible, p. 31).
El equilibrio de fondo y forma, pautado por el principio de la sofrozyne de la antigua retórica griega,
no siempre la aplica el autor de esta obra cuando aflora el predominio del concepto
sobre la belleza, los dos aspectos concurrentes en la obra de arte, aunque a
veces se revierte a su favor concitando una virtud estética en nuestro poeta,
como es la belleza del concepto, según se aprecia en la siguiente estrofa:
Es
tan tenue la distancia ancha
de la
boca que separa la gigantez de la esencia
que
allí sobresale el miedo
o se
percibe la mirada de los errantes conocidos
es
tan roja la esfera del pecado
que
nos asumimos ruido
nos
convertimos en simiente
nos
trasnochamos en la nada.
(La
redondez de lo posible, p. 32).
Desde el principio de los tiempos, cuando los humanos adquirimos
consciencia de que las cosas comienzan y terminan, también se tiene conciencia
de que hay una eternidad a la que aspiramos merecer en atención al destino último
que a todos nos aguarda. También desde la época de los antiguos presocráticos
hay la consciencia del principio y ordenamiento de las cosas. De hecho, fueron
esos antiguos pensadores presocráticos quienes concibieron la idea de que todo
tiene un principio, de que todo tiene un fundamento y un ordenamiento, y en
virtud de ese pensamiento o de ese fundamento las cosas tienen una consistencia
aun cuando sean perecederas. Decir que las cosas tienen una consistencia pese a
su condición precederá, significa que hay una esencia que permanece y
trasciende, y eso es lo que los poetas buscan, eso es lo que los poetas
testimonian. Ya decía Rainer María Rilke que la misión del poeta es testimoniar
la condición esencial de las cosas pasajeras justamente para que permanezcan en
la forma del poema tras el paso fugaz de la apariencia sensible de las cosas, y
eso lo siente nuestro poeta cuando habla de la fogosidad de las nubes, o cuando
enfoca la incertidumbre de las cosas como aparece en estos versos que citamos:
…no
sé si pedir las cosas
para
llevar o para quedarme
es
apenas un segundo
de
eternidad inconclusa
parecido
a la fogosidad de las nubes
puede
que transite en círculos
o
prefiera descender en espiral
hacia
el principio de las cosas
donde
mora la incertidumbre
como
si fuera cierta.
(La
redondez de lo posible, p. 35).
La pauta estética del fabula docet de los teóricos renacentistas
enseñaba que el texto poético debía contener, inherente a su forma expresiva,
un contenido edificante, principio que la práctica de los poetas auroseculares,
dígase Lope de Vega, Garcilaso de la Vega, Pedro Calderón de la Barca, fray
Luis de León, san Juan de la Cruz, santa Teresa de Jesús y otros, se formalizó,
más que en la belleza de la forma, en la belleza del contenido, cifrado en un
pensamiento luminoso. Pues bien, testimoniar el impacto que lo real produce en
la conciencia, como lo hace José Enrique Delmonte en su obra poética, es
también una forma de creación interiorista con alto valor conceptual, logro que
revela la destreza creadora de un pensador con alto sentido del arte, que
también valora la palabra como fuero, cauce y medio de creación estética y
espiritual.
Valerse de la creación poética para mostrar una visión de la ciudad, una
inmersión en la conciencia y una valoración del sentido, entraña un ejercicio
intelectual y estético de honda urdimbre, como lo ha hecho José Enrique
Delmonte en La redondez de lo posible. Cauce del arte de la creación
verbal, y también eco de una intuición creadora con sentido.
Bruno Rosario Candelier
Encuentro del Movimiento Interiorista
Centro de Espiritualidad San Juan de la
Cruz
La Torre de La Vega, 20 de noviembre de
2021.
Notas:
1. José Enrique Delmonte (Santo Domingo, República Dominicana). Arquitecto,
poeta y ensayista. Reconocido por sus estudios sobre arquitectura y urbanismo
dominicanos publicados en distintos medios. Ha publicado Sesenta años edificados. Memorias para la construcción de la nación,
Guía de arquitectura de Santo Domingo,
Historias para la construcción de la
Arquitectura Dominicana –coautor-. Irrumpió en el escenario literario con
el libro Alquimias de la ciudad perdida,
un recuento de relatos breves sobre la ciudad de Santo Domingo. Ha ganado el
Premio de la Universidad Iberoamericana (UNIBE) 2010, 2011 y 2012. Su poemario Once palabras que mueven tu mundo,
editado por Sial Pygmalion, recibió el Premio
Iberoamericano de Poesía en la
Feria del Libro de Madrid 2014. Sus poemas han sido incluidos en antologías de
la poesía dominicana. Doctor en Lingüística y Literatura por la Pontificia
Universidad Católica Madre y Maestra. El poemario La redondez de lo posible fue premiado y publicado en España.
2. José Enrique Delmonte, La redondez de lo posible, Toledo, España, Ed. Celya, 2017.
3. En La República, y también en El Banquete,
Platón refiere el concepto de “El mundo ideal”, ámbito de la trascendencia que
ubicaba en ese litoral sutil de En the selene.
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